
La Unión Cívica Radical es la patria misma. Movimiento de opinión nacional que enraíza en los orígenes de Mayo. Nunca doctrina alguna se consubstanció tan hondamente con el espíritu y los anhelos de una raza, manteniendo intactas las mejores tradiciones de su historia.
Yo puedo afirmar, con verdadera meridiana, que es la existencia misma de la Republica, y por eso, prenda segura de trabajo, de paz, de libertad, de progreso y de justicia.
Dios depare al pueblo argentino, la ventura y la riqueza que merece, y que no decline nunca de la jerarquía espiritual que hoy representa, como una de las naciones más soberanas y generosas de la Tierra.
Buenos Aires, 1923.
Hipólito Yrigoyen.
De esta forma profesada culmina un extenso escrito Don Hipólito Yrigoyen, en lo que más tarde seria una divulgación de caro sentimiento para los que profesamos el ideario radical.
Es el cierre de un conjunto de mensajes que conformaron su programa de gobierno, que esta plasmado en la bibliografía conocida como Mi vida y mi doctrina concebida como un apostolado político que condenso toda una época de denodados esfuerzos hacia la fundamental reparación que ha realizado, vino a la vida pública en una unidad de doctrina, tan pensada y sentida, que no obstante el enredo de sucesos que debió disipar en su camino fue siempre el mismo en el llano que en la cumbre, como lo revelan las pruebas tangibles de sus múltiples actividades sin variantes ni confusiones algunas, inalterables en el concepto como en la acción.
Reparador y reformador ante todo, no fue el resultado de improvisaciones que son de impresión pasajera o se derivan a situaciones complacientes, o desaparecen por inconsistencia, es dogma absoluto, así a afrontado la obra con las más clarividente concepciones y con las mas serenas y elevadas actitudes, sobrellevando todas las inclemencias y todas las impiedades del camino, en una línea de conducta impertérrita hacia sus luminosas finalidades.
No fueron, en consecuencia, los poderíos y los cargos públicos ni las confabulaciones en sentido alguno las que llevaron a las soluciones del credo político profesado, sino las integridades, moralidades, sacrificios, abnegaciones y desprendimientos.
Por ello todo credo de la cultura política en la organización y perfeccionamiento sucesivo de los pueblos debe ser radical e su esencialidad porque ésta es la más selecta condición de la vida.
Correligionarios, debemos honrar a don Hipólito Yrigoyen imitándolo en su concepción de vida, de fe y de práctica, y desde esta actitud dar inicio a la construcción de una idea creíble y sustentable en el tiempo.
Debemos interpelarnos ante todo a nosotros mismos y respondernos con sinceridad si somos dignos de representar los principios y las ideas del Radicalismo, puesto que solamente con una conducta y una honestidad intachable libre de todo cuestionamiento moral podemos ser ejemplo del civismo que nuestro pueblo necesita.
Si nuestro trajinar por la política es una cuestión de cargos, empleos o conchabos, de la ansiedad desesperada y corrupta por ascender en una escalera que solo lleva a la indignidad de la entrega de los ideales, difícilmente seamos dignos de rendir siquiera este homenaje.Únicamente una conducta republicana, moral, ética, de una honestidad sin dobleces, nos hará capaces de reconstruir esta “causa” para enfrentar al régimen.
Recordemos, correligionarios que nuestros máximos líderes históricos han tenido en claro que los verdaderos enemigos del pueblo no son sólo nuestros ocasionales adversarios políticos, sino todos y cada uno de aquellos que, aun en nuestro propio partido hacen de la política un juego espurio e interesado, un camino para el lucro y las apetencias personales, un “refugio secular de los mediocres”.
En este partido nacional y popular, cuyas figuras más trascendentes pudieron vivir y morir en la más digna pobreza, con los bolsillos flacos y el corazón lleno del respeto y el cariño del pueblo, no debemos seguir permitiendo que hoy muchos sólo se encaramen en el sagrado nombre de la Unión Cívica Radical para medrar en beneficio de sus intereses personalistas o sectoriales, enriquecerse con los dineros malhabidos, ni cometer el pecado de la insconsistencia testimonial de los principios.Yrigoyen nos convoca nuevamente a ser fieles a esta suerte de “religión laica”, la “causa de los desposeídos frente al régimen falaz y descreído”.
Hagámonos una vez más carne de nuestra DOCTRINA, seamos VERDADEROS RADICALES!










